Se festeja en primavera y en invierno, entonces se transforman las plazas de la aldea y los recientos feriales en puntos de encuentro pulsantes, donde carruseles que cosquillean, atraen por sus construcciones refinadas. En mercados y fiestas populares se divierten adultos y niños, se sumergen en un mundo fascinante y llamaivo, lejos de la vida cotidiana.
Comprensible que la feria en pequeño tambien puede encantar. Carruseles rasantes, cuyos movimientos no son inferiores en nada a los originales, además puestos de venta iluminados y efectos luminosos convierten a la feria en la atracción de cualquier modelo.
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